lunes, 8 de enero de 2018

[Análisis] Baldur's Gate: Siege of Dragonspear

Baldur's Gate (PC, 1998) no es sólo uno de los mejores RPGs de la historia, sino también el "padre" de un estilo que ha inspirado a muchos otros grandes títulos como Icewind Dale, Planescape: Torment, Dragon Age: Origins o los más recientes Pillars of Eternity y Tyranny. Su calado fue enorme, aunque la evolución de los sistemas operativos lo hicieron casi injugable hasta su llegada a GOG y, finalmente, su remasterización a manos de Beamdog en 2012, a pesar de lo cual el título siempre ha tenido ese toque clásico y casi rústico como iniciador de un estilo.

Evidentemente, jugar hoy en día a Baldur's Gate requiere cierta paciencia para los nuevos jugadores, pero los más veteranos llevaban años deseando que una de sus sagas favoritas volviese a renacer con nuevo contenido, como ha pasado con tantas y tantas series últimamente. Existían nuevos personajes con su trama relacionada en ambas remasterizaciones, pero el objetivo, según la propia Beamdog, era llegar a poder realizar el soñado Baldur's Gate III.

Sin embargo, ese nuevo contenido era meterse en arenas movedizas y Beamdog decidió tomar "la solución fácil": desarrollar un título que enlace los acontecimientos de Baldur's Gate y Baldur's Gate II que en la secuela se narraban muy escuetamente. Así nació Siege of Dragonspear (2016) como expansión del primer Baldur's Gate, 18 años después de su lanzamiento original.

Siege of Dragonspear comienza con un prólogo en el que mantenemos a nuestros personajes y equipo tras el final de Baldur's Gate, donde damos caza a los últimos restos de las huestes de Sarevok como auténticos héroes de la Puerta de Baldur e Imoen ya está estudiando magia, algo que sabemos que ocurría en Baldur's Gate II

Tras esta sencilla mazmorra (que aún así oculta bastantes recompensas si investigamos debidamente) nuestro grupo queda disuelto y seremos atacados en nuestros aposentos por los hombres de un nuevo enemigo: Caelar Argent, una guerrera con aires divinos que está arrasando las tierras al norte de Baldur's Gate y pone en aprietos a la ciudad, plagada de refugiados que huyen de su fiereza. Tras este ataque, ya sea por venganza o por heroísmo, deberemos partir al norte con las fuerzas de la ciudad para detener a ese nuevo enemigo, por lo que habrá que reunir a un nuevo grupo.

Ese es, quizás, uno de los aspectos más discutibles de esta expansión: al estar desarrollada de forma independiente, buena parte de los personajes que formaban nuestro escuadrón no estarán disponibles en esta aventura o aparecerán una vez avance la misma, por lo que habrá que crear un nuevo grupo con lo que nos vayamos encontrando en nuestro viaje, lo cual a veces complica mucho el equilibrio. Tendremos varios personajes completamente nuevos en la trama y otros muchos (los más populares) que regresarán en algún momento u otro, pero dará la sensación de que todo resulta algo forzado y, en general, muy asociado con personajes bondadosos. Además, su desarrollo no dará para mucho y, en general, se reducirá a una misión opcional a lo largo de la aventura.

Sí está mucho mejor implementada la figura del hombre encapuchado, clave en los acontecimientos de Baldur's Gate II, que ya aparecerá durante diversos momentos de esta aventura para empezar a juzgar nuestra forma de interpretar nuestro legado y el cómo usaremos ese poder. Aunque sus apariciones no nos sorprenderán demasiado, puesto que todo lo relacionado con el mismo es revelado en la secuela, sí que nos dejará varios momentos únicos que no eran tan conocidos en la trama, en especial la figura de nuestro padre en esa región y la explicación final que cierra la expansión.

El desarrollo de la historia principal de la expansión se produce en diversos capítulos donde nuestras fuerzas vas acorralando más y más a las huestes de Caelar. En cada uno, tendremos disponibles unos tres-cuatro mapas, algunos con mazmorras bastante profundas y bien desarrolladas, por lo que su contenido será bastante interesante para disfrutar de un poco más de la esencia clásica de la serie Baldur's Gate.

La trama de Caelar, además, enlaza los acontecimientos con Icewind Dale, completando una historia que, aunque se nota claramente independiente de todos los sucesos que sabemos que ocurrirán por cómo comienza Baldur's Gate II, resulta entretenida y aceptablemente contada. No es para nada imprescindible, cuenta acontecimientos que trastocan un poco lo que sabíamos y eso puede enfadar a más de un jugador de los clásicos, pero se puede disfrutar si no vas con la mente negativa antes de comenzar.

Al tratarse de una expansión, Siege of Dragonspear no ofrece ningún cambio a las mecánicas ya de sobra conocidas en la serie: tendremos una vista cenital en el que nuestro grupo de seis miembros (y en el que, si nuestro personaje principal muere, será Game Over) se moverá por diversas localizaciones encontrando NPCs con los que hablar -generalmente dejándonos varias opciones de respuesta- y enemigos que no dudarán en atacarnos.

El sistema de combate se realizará en tiempo real, pero mediante un sistema de tirada de dados, lo que debido a las reglas seguidas por estos juegos hace que sea extremadamente fallar ataques. El uso de la "pausa táctica" con el botón Espacio para detener la acción y dar órdenes individuales a cada personaje será algo vital para afrontar adecuadamente cada batalla, sobre todo a la hora de retirar de la refriega a los aliados que resulten heridos o para efectuar nuevas acciones dependiendo de la situación. Vamos, lo que los fans ya conocen.

Donde más cambia el título es en la reiteración de mecánicas de interacción con elementos del escenario, que aunque tampoco es totalmente desconocida, sí que se usa demasiado en esta expansión y resulta altamente confusa, ya que al no ser indicado con el uso de Tabulador y con muchas misiones con objetivos difusos, en muchos casos no sabemos cómo completar exáctamente ciertas tareas porque hay que interactuar con algún elemento del escenario que no se marca salvo que coloques en ratón sobre el mismo y eso es un pecado importante en esta clase de juegos. Además, hay una cantidad enorme de objetos de relleno (sobre todo pergaminos) que acabas llevando encima por que parece que pueden tener alguna utilidad en algún momento, pero la realidad es que sólo son inscripciones sueltas como cualquier otro libro del juego pero que, al tener iconos únicos, acabas conservando pensando que tienen valor, ocupando espacio en el inventario sin ninguna razón.

Sobre la dificultad, es un título que resulta bastante irregular, ya que podremos pasearnos al principio del juego, luego sufrir en ciertas localizaciones (donde no ayuda que no haya muchas elecciones para configurar nuestro grupo) e incluso podremos encontrar combates que se van por bastante del nivel básico que se asume en el primer Baldur's Gate (un dragón, por muy menor que sea, es una auténtica barbaridad), lo que resulta chocante cuando en otras zonas nos sentiremos muy sobrados.

También, por su propia concepción, nos pondrán en muchas situaciones de sitio donde se producirán batallas con muchas unidades en pantalla, lo que sería mucho más sencillo de ejecutar si nos quedase claro cuándo van a llegar las unidades aliadas, que aparecen de golpe sin que sepamos muy bien como y que nos permitirán solventar esos combates quitándonos del medio, simplemente preocupándonos de que nuestros personajes no se pongan en peligro.

Es, en sí, más de lo mismo, con ciertas mazmorras y zonas bien realizadas, a veces con misiones un tanto confusas, además de contar con una dificultad muy irregular y unos combates masivos que no funcionan todo lo bien que deberían. Alrededor de 20 horas de contenido extra que agrandan un poco más un título de por sí extenso, si intentábamos explorar todos sus rincones.

Al basarse en el motor del primer Baldur's Gate el título tiene un acabado bastante anticuado, ya que aunque muchas zonas nuevas se muestran muy detalladas, en otras es sencillo ver fallos técnicos como tirones, NPCs que nos bloquean el paso y tenemos que esperar a que se muevan, personajes que aparecen de la nada... 

Si a eso le unimos que Siege of Dragonspear no fue traducida al español, lo más destacable serán algunas localizaciones y personajes nuevos, porque el resto no ofrece grandes diferencias con respecto al primer título, algo lógico al tratarse de una expansión de Baldur's Gate, pero también esto provoca problemas por atarse a ese juego.

Musicalmente no muestra grandes diferencias con la obra original y todas las voces de los personajes conocidos siguen estando presentes, por lo que sólo algunos villanos y los nuevos aliados exclusivos de la expansión resultan novedosos.

Baldur's Gate: Siege of the Dragonspear es una expansión que resulta interesante para los que deseaban nuevo contenido de la mítica serie pero que queda lastrada por el uso del anticuado motor y la falta de traducción.

Los acontecimientos que vivimos son completamente nuevos, pero al estar situados en un marco temporal intermedio, cualquier jugador de Baldur's Gate II sabrá inmediatamente cómo va a acabar la trama. Aún así, guarda sorpresas y Caelar, como gran figura enemiga, resulta un personaje fuerte e interesante que tendría potencial para ser algo más que una figura lejana.

No merece la pena salvo que seas un gran fan de la saga, ya que nada de lo que se vive en esa expansión llega a tener fuerte influencia en los eventos posteriores al haber sido desarrollada desde cero mucho tiempo después de Baldur's Gate II, pero si tienes ganas de más Baldur's Gate, puedes disfrutar de estas casi veinte horas extra completamente originales.

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