viernes, 2 de noviembre de 2018

¿Qué tal es Kona?

Con el paso de las décadas y el imparable avance de la industria, los géneros utilizados para delimitar las fronteras entre los diferentes juegos se han ido difuminando hasta un punto en el que, muchas veces, resulta extremadamente complicado definir los muchos títulos experimentales que salen al mercado.

El título que queremos explicar en esta entrada es uno de ellos e incluso se podría considerar que difumina aún más las líneas que le podrían atar a un género concreto. Desarrollado por el estudio canadiense Parabole, Kona es el primer título de una tetralogía con visos a ser altamente experimental.

Definido como una "historia interactiva con un gran enfoque en la trama en formato episódico, combinando la narrativa y los puzzles de antaño con mecánicas de supervivencia modernas", Kona es de ese tipo de juegos que buscan apelar a un público realmente variado, ya que toma diversos elementos de múltiples estilos y los aúna en un mismo título... algo que consigue parcialmente.

Pasemos a explicar sus diferentes aspectos y el por qué de ese matiz:


Situado en el norte de Canadá en algún momento de los años 70, Carl Faubert es un veterano de guerra que, trabajando como detective, es contratado por Hamilton, un millonario que adquirió importantes propiedades en la zona del lago Atamipek y que denuncia actos vandálicos contra su persona. Al llegar al pueblo, Carl es asediado por una intensa ventisca en un páramo helado que parece guardar muchos más secretos que un simple acto de vandalismo.


Así comienza la trama de Kona, que no escapa de ser una premisa un tanto clásica de historias de detectives con mucho potencial para mantener al jugador pegado a la pantalla pero que mantiene un ritmo bastante constante a lo largo del juego. Lo más importante a destacar en este apartado es que el título logra modelar una atmósfera impresionante, donde puedes sentir la tensión de estar solo en medio de una región remota sin necesidad de recurrir a súbitos sustos, en un ambiente rural donde las casas están separadas por kilómetros sin nada a la vista... algo que quizá también corta el ritmo de la trama en ocasiones porque, claro, para desplazarte de una localización a otra tienes varios minutos de caminata o conducción temeraria.

A grandes rasgos, la historia narrada se mantiene muy interesante, permitiendo que el jugador decida hasta cierto punto el orden de los acontecimientos (sin decisiones, eso sí) con pistas diseminadas aquí y allá que contienen piezas de información importantísimas para permitirnos atar todo el argumento en un final donde casi todo queda muy bien cerrado. No obstante, dicho segmento final se nota un poco apresurado, donde el combate se vuelve prácticamente obligatorio y, por eventos de trama, el mapeado se vuelve muy confuso y difícil de navegar, resultando un tanto anticlimático.

Como comentamos previamente, Kona presenta mecánicas muy diferentes: por un lado hacemos frente a un misterio cada vez mayor mediante la exploración de diversos escenarios en primera persona, buscando pistas, leyendo todo tipo de documentos y coleccionando evidencias que nos permitan unir cabos. Por otro, tendremos que resolver puzzles diseminados por el mapeado con el fin de obtener ciertos objetos importantes o simplemente continuar con la trama, en unas "visiones" donde transcenderemos a otro plano de la realidad aderezadas con un toque tétrico muy acertado.

La cosa no acaba ahí, para explorar el enorme mapeado de Kona tenemos la opción (u obligación, en los primeros compases del juego) de conducir primero un coche y luego una moto de nieve, con cuidado siempre de vigilar tres parámetros: la salud, la temperatura corporal y el estrés del protagonista, como si estuviésemos jugando a un título de supervivencia frente a los elementos, donde las hogueras actúan como punto de guardado a la par que regeneran una buena parte de nuestra condición física y mental. Por último, el juego hace gala de un sistema de combate (parcialmente opcional) en el que podremos usar armas contundentes o de fuego, dependiendo de lo que encontremos por los escenarios.

Y aquí empiezan los problemas: Kona intenta abarcar demasiado sin ser excelente en ninguno de los apartados comentados con anterioridad. Como juego de supervivencia es mediocre, al igual que tampoco llega a ser excesivamente brillante como juego de puzzles o de detectives. El combate es, directamente, un completo despropósito, con unos puntos de golpeo rarísimos donde es extremadamente complicado discernir si estamos actuando correctamente.

Parte de la culpa la tienen los controles, algo que se nota especialmente en la conducción y en el combate. Resulta inexplicable que en un juego donde su mayor atractivo es la parte de exploración e investigación de los escenarios el juego no funcione como el clásico point-and-click con el ratón, en un claro gesto a su diseño pensando también a las entregas para consola. En cuanto a los vehículos, hacia el final del título es fácil que acabemos acostumbrados a usarlos pese a que en un primer momento es muy fácil ir dando trompos y derrapes por la carretera.

¡Pero hay más! Kona presenta una interfaz que sacrifica la practicidad por la estética, aunque esto no resulta demasiado grave, ya que podremos acceder a un completo cuaderno con comentarios a modo de resumen de lo acontecido y biografías de los personajes para perdernos en la trama lo menos posible, así como a un mapa muy útil del pueblo. No obstante, este apartado también se ve manchado por el sistema de inventario: podremos llevar un número de objetos determinado, limitado por el peso de cada uno, de manera que un tronco para hacer una hoguera pesa mucho más que unos alicates, por ejemplo. Esto, que tiene mucho sentido en un juego de supervivencia, lastra el título porque muchos objetos son prácticamente de usar y tirar, de manera que cargaremos con cachivaches sin utilidad real sólo por el temor a que los necesitemos más adelante y tener que volver hacia atrás para recogerlos podría acabar con nosotros debido a las inclemencias del tiempo.

Combina, pues, elementos que sólo se molestan entre ellos, haciendo que el jugador no pueda llegar a meterse de lleno en ninguna de las facetas puesto que el título no deja de ser un juego de investigación con incomprensible necesidad de supervivencia y gestión de recursos o conducción en clima helado.

Kona tiene una duración aproximada que ronda entre las cuatro y seis horas, una longitud más que acertada para el tipo de historia que se quiere contar, donde cada minuto cuenta para resolver el misterio y toda la información es relevante.

No obstante, para aquellos que quieran exprimir al máximo el título, presenta muchos objetivos opcionales que se manifiestan en forma de evidencias ocultas (aunque tampoco son muy reveladoras, todo hay que decirlo) y pequeñas misiones secundarias como buscar todas las hogueras o encontrar cofres siguiendo un mapa del tesoro. No son excesivamente abundantes, pero permiten alargar un poco la vida útil de un juego que sabe exactamente lo que tiene que durar, y lo aprovecha.

En cuanto a la dificultad, existe algún puzzle más complicado, ciertos eventos obligatorios algo difíciles de encontrar y, sobre todo, combates o secuencias complicadas (de nuevo, por los controles). En líneas generales, no es un título difícil, basándose en contar la historia y permitir que el jugador se empape de la atmósfera del título, quizás por eso resultan más chocantes esos elementos donde la acción se vuelve primordial.

Conseguir crear una atmósfera tan envolvente es difícil, pero sin duda el buen nivel gráfico de Kona ayuda mucho al conjunto. Los entornos naturales están muy logrados, con una orografía muy marcada, la sensación constante de que la naturaleza está viva (agujas de pinos pisadas, huellas en la nieve, vallas rotas...) y un gran nivel de detalle en las casas u otras localizaciones importantes.

A esto también contribuye una banda sonora creada por Curé Label, corta pero espléndida, donde los temas nunca se hacen repetitivos y captan muy bien la esencia de lo que el título quiere transmitir: una calma rota y la soledad en medio de una ventisca. El doblaje también es muy acertado, con varios pasaje doblados en perfecto francés que casan mucho con la temática general del título.

En cuanto al nivel técnico, el mapeado se encuentra dividido en pequeñas zonas delimitadas por largos tiempos de carga... sin pantalla de carga. Esto ocasiona que el juego se quede "congelado" muchas veces cargando la siguiente zona, manteniendo intactos los gráficos y los sonidos (que pueden llegar a ser muy molestos, como en el caso de la moto de nieve), ocasionando muchas veces que el vehículo o el protagonista sigan andando varios metros cuando por fin se completa la carga. Por otro lado, también es fácil tener problemas a la hora de interaccionar con objetos, puesto que muchos se muestran aparentemente fuera del alcance del jugador, precisamente porque otros artículos están en el medio.

Kona es un juego difícil de clasificar. Tiene una historia muy interesante con, sobre todo, una atmósfera muy potente, pero se ve lastrado por la innecesaria mezcla de elementos jugables más propios de otros estilos o los malos controles surgidos de tal combinación.

Es un juego recomendable, especialmente para aquellas personas que disfruten del complejo género de los Walking Simulators y prioricen una buena historia o construcción del mundo por encima de un buen sistema de juego. Seguramente no marcará un antes y un después, ni será recordado por sus innovaciones o su trama, pero puede proporcionar unas horas muy entretenidas y es una buena base sobre la que Parabole puede construir los otros tres títulos que acompañarán a este primer proyecto.

Este título está disponible en PC, PlayStation 4, Xbox One y Nintendo Switch. Para nuestro análisis nos hemos basado en la versión para PC. El juego está perfectamente traducido al español.

1 comentario:

  1. Llevo con él en la biblioteca desde que lo pusieron en un Monthly, pero creo que tras leer esto le daré un tiento <33

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