lunes, 9 de diciembre de 2019

El recurso de las civilizaciones antiguas

La existencia de civilizaciones antiguas es una tendencia bastante habitual en el género RPG y tiene múltiples raíces muy evidentes que cargan de razón y utilidad a este concepto. Nuestra propia civilización, al fin y al cabo, también puede observar con sorpresa como en Mesopotamia o Egipto surgieron grandes imperios que lograron avances y crearon grandes estructuras que todavía siguen maravillando en la actualidad. Además, no andamos precisamente escasos de artefactos o tierras de leyenda, como la Atlántida, el Dorado, el Mjolnir, Cáliz o Arca de la Alianza... y eso sería centrándonos en la visión europea, que artículos como el Pashupatastra eran tan poderosos que se decía que podrían destruir el universo.

Claro, esto también sirve de forma muy orgánica como una base para las historias del género, donde los héroes deben intentar localizar esos artefactos entrando en peligrosas cuevas plagadas de monstruos y medidas de defensa como trampas o puzles. También sirven para revelar grandes males que fueron enterrados en el pasado y vuelven a surgir de sus cenizas, pueden suponer un ascenso en el poder de un villano que ha logrado descubrir y dominar esos artefactos.

Hay múltiples formas de representar a esas civilizaciones avanzadas que se perdieron en el tiempo y la sociedad actual no llega ni a compararse a sus logros en el periodo actual de nuestras historias. Están las aisladas, las que empiezan a ser usadas sin pleno conocimiento de su alcance y en general, pueden contar con un mayor o menor estado de descomposición por el abandono tras tantos años. Pero su importancia en las tramas de los RPGs donde aparecen suele ser brutal. Veamos algunos ejemplos:


Pieza central en toda la trama de la franquicia Trails de Nihon Falcom, nos presentaba a toda la población del continente viviendo con poderosos artefactos avanzados, cargados de poder mágico. Sin embargo, el llamado "Gran Colapso" ocurrió y tuvieron que pasar varios siglos para que la sociedad volviera a levantarse, amparada por la Septian Church que estableció su propio calendario a partir del desastre. En la actualidad, la trama de los juegos en la franquicia se sitúa alrededor del año 1200 tras el Colapso.

No vamos a entrar en posibles spoilers o tribulaciones sobre lo que ocurrió, pero sí que resulta interesante como, a pesar de que han pasado más de 1000 años desde el hundimiento y el culto a Aidios surgió en el año 500 -dejando todos los años previos como la "época oscura" para la civilización actual-, el contacto con esos poderes perdidos parecen depender exclusivamente de las grandes organizaciones ocultas a la opinión pública. La población normal si acaso disfruta de la "Orbal Revolution" a través de unos artículos que también proceden de esa época pasada, pero que han sido recreados de cero en esta nueva era.

Resulta también interesante comprobar como hay múltiples restos de la antigua civilización a lo largo del mapeado de Zemuria, en su mayor caso excesivamente peligrosos por los monstruos que habitan en su interior, resultando refugios para gente peligrosa o una fuente de problemas para los grupos encargados de la protección a la ciudadanía, como los Bracers. Es llamativo como, aunque generalmente el culto religioso suele tener malas intenciones en muchos JRPGs, en el caso de estos títulos lo que hace la iglesia... ¿Septiana la podríamos llamar en español? es recolectar esos artículos peligrosos de la antigua civilización e intentan sellarlos. Al fin y al cabo, artículos como esos siguen siendo extremadamente peligrosos, como ocurrió en North Ambria, y prácticamente todos los títulos de la franquicia nos presentan algún tipo de antiguo artefacto que podría aniquilar a la población si caen en malas manos. Pocas sagas hacen un uso tan extensivo de los restos de una civilización antigua.

La práctica totalidad de la franquicia Final Fantasy cuenta con algún tipo de civilización antigua cuya importancia en la trama es relevante. No obstante, hay casos donde incluso pasan desapercibidas (en Final Fantasy VIII tiene un peso minúsculo saber que Dollet fue una ciudad avanzada arrasada en el pasado) o su impacto en la sociedad actual es básicamente nulo, y simplemente la trama se centra en los lejanos restos de su poder, sólo conocidos por ciertas entidades, como ocurre en Final Fantasy VII.

Pero en este caso nos queremos centrar en la región de Ivalice, que nos presenta el mundo más explorado por la franquicia Final Fantasy e incluso de comparte con Vagrant Story (aunque su creador ahora se desmarca un poco de ese hecho). Y resulta especialmente interesante porque mantiene un cierto tono temático y desarrollo tecnológico común a pesar de que hay una división de más de 1000 años entre ciertos títulos. Esto se debe a que Ivalice experimentó el crecimiento y hundimiento de múltiples sociedades diferentes, con batallas de dioses, espers, surgimiento de cultos que quedaron enterrados tras una guerra, civilizaciones perdidas en islas flotantes, avances tecnológicos que nunca llegamos a ver de primera mano por el impacto de un gran cataclismo y sólo se observan sus restos en Final Fantasy Tactics...

Curiosamente, son los mismos dioses y entidades del pasado los que suelen estar detrás de buena parte de los conflictos de cada juego, sólo que no suelen coincidir demasiado porque, por ejemplo, los Tactics Advance suelen incluir la llegada a Ivalice de humanos del mundo real y en ellos la historia se centra en su llegada y el impacto que tienen en la región. Eso sí, rascando un poco podíamos encontrar una relación directa entre los grimorios de Vagrant Story y los de los Tactics Advance, por lo que estaríamos ante el curioso caso de que una civilización antigua afecta a realidades completamente diferentes.

En el caso del mítico Xenogears, considerando que estamos en una civilización que lleva viviendo casi 10.000 años en la Tierra, hay muchas épocas previas enterradas en el pasado y perdidas para -casi- siempre, pero quizás una de las historias más simbólicas por el mensaje que querían trasmitir sus creadores es el de la civilización Zeboim, que se hundió 4000 años antes de los acontecimientos del juego.

En ella se dibujaba una humanidad que se basaba en la ingeniería genética y la nanotecnología para su avance, lo cual tuvo un impacto desastroso para el bienestar de la población, que vio reducida su esperanza de vida a unos treinta años porque el deterioro de los genes debido a tanta experimentación. La historia que importa para el juego tiene un impacto más personal que nos vamos a ahorrar comentar, pero en este caso también se nos muestra el peligro de las armas nucleares, ya que fue una guerra en este sentido la que exterminó la sociedad y diezmó la población a un 10% de la que habitaba en esa época. Eso sí, perdiendo el impacto de la nanotecnología también la población expandió su esperanza de vida.

Clásicos problemas reales que podrían ocurrir en una sociedad demasiado avanzada y que en este título se reflejan a la perfección.

En los títulos espaciales el uso de diferentes civilizaciones perdidas en el tiempo tiene un rol un poco diferente, ya que normalmente el contacto con sus restos suele suponer un avance brusco en el desarrollo tecnológico de la civilización conocida, al comprender cómo usaban sus herramientas. En el caso de los proteanos, son incluso considerados como dioses por otras civilizaciones inferiores, ya que son los que contactan con ellos para ofrecerles artilugios que prácticamente parecen magia su estándar tecnológico.

Desaparecidos misteriosamente hace 50.000 años, sus restos encontrados en Marte fueron claves para que la humanidad desarrollase el viaje interestelar con los Relés de Masa e incluso se teorizaba de su rol como pieza clave para nuestra evolución. Evidentemente, se revela mucho más de ellos, su destino y extinción a lo largo de los tres títulos principales de la franquicia, por lo que no queremos profundizar mucho más en los mismos.

Eso sí, resulta llamativo que no son la única raza antigua que habitó en la Vía Láctea, ya que a lo largo de nuestro viaje descubrimos a muchas otras civilizaciones perdidas hace miles de años, como los Arthenn, Inusannon o Zeioph, reflejando que el ciclo de crecimiento y expansión de una civilización es también análogo a su rápida caída en desgracia, lo que da pistas sobre un cierto nexo común que provocaría esa circunstancia.

El caso de la sociedad perdida en el universo de Golden Sun podríamos comentar más aspectos de lo que consideramos como "libre de spoilers", pero como queremos mantener esta entrada lo más limpia posible de potenciales problemas de ese tipo, sólo indicaremos que refleja a la perfección la idea de que una sociedad extremadamente avanzada y utópica presenta un problema difícil de medir: no tiene motivación. Al fin y al cabo, ¿qué otro objetivo le quedaría a una civilización que tiene sustento ilimitado y no necesita esforzarse por nada? En muchos otros casos algún tipo de cataclismo es el que suele acabar con estas poblaciones, pero si lo pensamos, en caso de sobrevivir a esa crisis... ¿qué otro problema tendrían para regodearse en su autosuficiencia? 

En un universo de fantasía medieval como el de la saga The Elder Scrolls, donde la espada, hechicería, monstruos, dioses y demonios son comunes, resulta llamativo encontrar ruinas de una civilización antigua que recurría a la tecnología y robótica para sus tareas. Su origen data prácticamente de los albores del mundo, resultando herederos de la creación que decidieron ocultarse en sus ciudades subterráneas para vivir aislados de los problemas de otros mortales.

No obstante, son conocidas varias guerras internas por el dominio de determinados artefactos, conflictos con las razas de la superficie como los elfos oscuros Chimer y el terrible caso de los elfos de la nieve, que intentaron aislarse en ciudades dwemer de las antiguas razas humanas y fueron cegados o esclavizados por los dwemer para evitar que pudieran aprender a dominar su tecnología. Esto llevó al nacimiento de los Felmer, quienes eventualmente se revelaron contra los Dwemer y entablaron una gran batalla con los mismos, hasta que finalmente la raza de los grandes robots, que llegó a crear un dios-gólem, desapareció de golpe sin ninguna explicación... pública, porque sí existen ciertas explicaciones sobre lo ocurrido.

Los restos de sus construcciones están plagados de trampas y autómatas de energía ilimitada que atacan a todos los visitantes de la superficie, a pesar de lo cual en la segunda Era se estuvo cerca de comprender el uso de los artefactos y, así, desarrollar una nueva sociedad tecnológica, pero los múltiples conflictos que se sucedían en la región hicieron que estos sueños se perdiesen. Al fin y al cabo, aunque el conflicto ayuda a que usa sociedad mantenga su actividad y creatividad, si se produce una derrota todos esos logros serán normalmente aniquilados por la civilización ganadora.


Como siempre hacemos, nos vamos a quedar aquí para dejaros la opción de ayudarnos a dibujar una potencial segunda entrada de este tipo. ¿Qué otras civilizaciones antiguas os maravillan especialmente en el género RPG?

2 comentarios:

  1. Ahora mismo otro ejemplo puede de civilizaciones antiguas pueden ser los Orokin de Warframe, tecnológicamente avanzados, fueron destruidos por las máquinas concientes que ellos mismos crearon.

    La verdad es que es recurso narrativo muy útil si se usa bien, ojalá puedan traernos una segunda parte.

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  2. Siempre me encantó el misticismo de Lemuria (Golden Sun) y Sindar (Suikoden III y V por ejemplo).

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