domingo, 23 de diciembre de 2018

[Análisis] Psychedelica of the Black Butterfly

Psychedelica of the Black Butterfly es una Novela Visual de la división de Otomes de Idea Factory, Otomate, lanzada en 2015 en Japón y que llegó a PlayStation Vita a mediados del 2018 de la mano de Aksys Games, siendo porteado el pasado mes de noviembre a PC por Intragames, versión que usaremos para este análisis. La compañía sonará a fans del género porque son los creadores del magistral Hakuoki y la saga que de ellos salió, probablemente uno de los puntos de entrada más universales a los otomes. Black Butterfly fue seguido por Psychedelica of the Ashen Hawk un año más tarde, un sucesor/juego hermano sin relación alguna en trama o personajes y que, de momento, sólo ha llegado a Vita en occidente.

Los días en que las Novelas Visuales en general y los Otomes en particular eran complicados de jugar en occidente van, lentamente, quedando atrás, y que Black Butterfly esté disponible en Steam es uno de los pasos más firmes en esa dirección porque no tiene el eco mediático ni la seguridad de Hakuouki, de los que ya han llegado un par. Black Butterfly se puede considerar un experimento, o la ampliación de uno ya en marcha. Obviamente, este análisis viene con cuidado de no tocar spoilers de trama.
La trama de Psychedelica of the Black Butterfly es una de fantasía sobrenatural, que cuenta la historia de una chica sin nombre, apodada Beniyuri en los compases iniciales, tras despertar en una mansión laberíntica y enorme, cerrada al exterior, y con una jauría de monstruos lobunos dentro. No recuerda nada de cómo ha llegado ahí y, explorando la mansión, va encontrando compañeros también amnésicos con los que forma un grupo de supervivientes. Este es el tono inicial de Black Butterfly y que permea todos los puntos de la trama de aquí en adelante: lo tardío de las respuestas y la obsesión con in media res.

Black Butterfly tiene una trama que arranca en pleno después de, al menos, ocho-diez horas de juego, y no da respuesta alguna a su lectora en el primer acto. La estructura recuerda a las de 07th Expansion, con líneas claras marcando las partes de la historia en las que se plantean enigmas y las otras en las que se resuelven, pero eso deja todo el principio de la trama y a la propia Beniyuri totalmente confusa durante, quizás, más tiempo del que convendría. Eso sí, cuando el juego quiere resolver preguntas lo hace maravillosamente y el impacto emocional de cada revelación está bien calculado. Acabado, Black Butterfly no deja nada o casi nada en el aire, pero a mediados del juego aún no ha respondido nada.

El otro núcleo del título, aparte de su temática de misterio, es la dinámica del grupo, puntuada por un sistema de escenas individuales opcionales que ilustran la vida cotidiana en la mansión. Este método está encadenado a la progresión de la historia principal, por lo que hay que ver determinados episodios individuales para avanzar por determinados puntos de la trama y, para desbloquear determinados episodios, hay que tener el contexto para ellos que da la historia. Y comprarlos con los puntos que da el minijuego de disparos.

Y aquí entramos en la parte jugable, con quizás el único problema que tengo con ella: el minijuego de disparos. En Black Butterfly, el grupo sobrevive en la mansión cazando los monstruos con revólveres y cada instancia de combate es el mismo minijuego repetitivo estilo Arcade de dispararle a mariposas, claramente diseñado para controles táctiles. El minijuego se puede saltar, pero esto implica que obtendremos muy pocos puntos con los que se “compra” el acceso a las escenas extra y, por tanto, la progresión en la trama principal. No hay que farmear tampoco, en no más de una docena de combates de estos llega para adquirir el 100% de las escenas, pero es innecesario y rompe atrozmente el ritmo del juego.

No deja de ser una lástima porque la parte jugable de Novela Visual es muy sólida. Black Butterfly tiene poquísimas elecciones, especialmente en el prólogo y las rutas individuales de cada chico, que tienden a ser lineares; pero tiene un mapa de escenas fluido y envidiable, que casi siempre deja claro dónde hemos dejado caminos alternativos por desbloquear y a qué puntos tendremos que volver más adelante. Tras acabar el juego una vez no hay que rejugar apenas nada, lo cual se agradece porque la mayor parte de rutas individuales están cerradas hasta que no se sacan los primeros finales.

El apartado visual es sólido, con pocas CGs pero un estilo vívido que transmite la personalidad de los chicos al primer vistazo y acentúa los momentos emocionales. Hay quizás un par de personajes secundarios a los que se les echan de menos sprites propios para acompañar la descripción del texto y las voces, pero poco más. Además esa es otra de las grandes bazas de Black Butterfly: todo el juego tiene voces y la dirección es impecable aquí; el grupo realmente cobra vida gracias a esto, que matiza el diálogo mucho más de lo que los sprites pueden.

Lamentablemente el nivel sonoro no logra el sobresaliente porque la música se queda bastante a la zaga. No es mala, pero hay un bucle de canciones muy cerrado donde de la Banda Sonora, compuesta por 21 temas, sólo diez se usan habitualmente, lo que resulta bastante limitado para un juego que nos llevará, como mínimo, entre 30 y 40 horas.

En general y pese a los problemas comentados, Psychedelica of the Black Butterfly vale realmente la la pena. Resulta decente como Novela Visual de misterio y sobresaliente como Otome: los romances están bien escritos, la ambientación es interesante, el número reducido de personajes permite dedicar más texto a explorar cada uno de los mismos... es un título que sabe lo que quiere hacer y lo hace bien. Tarda en arrancar, eso sí.

2 comentarios:

  1. Interesante para los fans de este género.

    Por otra parte, aprovecho la oportunidad para solicitar si pueden hacer un artículo respecto a la aparición de múltiples tiendas digitales, sus características, sus pro y contras

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  2. Ojalá llegue a Switch. Gran análisis

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