lunes, 21 de octubre de 2019

¿Qué tal fue Assassin's Creed: Origins?


Hay pocos ejemplos más claros de la constante evolución de muchas franquicias adaptando elementos del género RPG que el que supone la saga Assassin's Creed. La serie de Ubisoft se estaba convirtiendo en una prueba del problema de la sobre-explotación de una franquicia, con un ritmo de lanzamientos constantes, que impedían pulir y pensar adecuadamente cada nuevo entorno que exploraban. Bugs, un público que se estaba cansando de las mecánicas de siempre, simplemente cambiando de era en cada juego... la saga se encontraba en problemas y la solución fue tomarse un año de descanso (aunque con dos entregas menores como Assassin's Creed Chronicles: India y Rusia) para alterar buena parte de lo que eran estos juegos, encaminándonos a una nueva era: convertirse en ARPGs de infiltración en mundo abierto.

Así surgió Assassin's Creed: Origins (PC/PS4/XB1, 2017), el título que daba origen a una etapa diferente en la serie que, por el momento, se cierra en Assassin's Creed: Odyssey y, eventualmente, podría ser la base de un proyecto completamente diferente como será Gods & Monsters, que recibiremos el próximo año. Este título fue, pues, una entrega clave en buena parte del camino que está recorriendo Ubisoft en la actualidad y, por tanto, se merece que abordemos todos los aspectos que ofrecía en contraste con la saga que se dio a conocer en el año 2007 y que tuvo un impacto enorme en la pasada generación de sistemas.

La premisa de Assassin's Creed: Origins nos da el control de Bayek y, a veces, su esposa Aya en el Egipto de entre el 49 y el 47 A.C. Ambos forman parte de la orden de los Medjays, encargados de proteger la región desde hace años. El asesinato de su hijo les hará tomar un camino de venganza que les llevará a recorrer buena parte del antiguo imperio, ahora tomado por Roma, descubriendo una gran conspiración que se está preparando a espaldas de la población.

Bayek resulta un protagonista interesante por la forma en la que evoluciona a lo largo de la trama, siendo conocedor de su posición y mostrando respeto por su legado, pero también resulta una persona convencida del camino que está tomando. Comparado con anteriores entregas, Origins se muestra de una forma muy diferente y refrescante, algo que la franquicia necesitaba. La infiltración, por ejemplo, resulta muy mejorada gracias a las nuevas mecánicas y aporta una mejor sensación cuando exploramos o nos colamos en algún campamento enemigo. Aunque la Inteligencia Artificial de los guardias sigue siendo algo torpe en su capacidad para detectarnos, estas nuevas mecánicas suponen un claro adelanto con respecto a lo que esta saga era previamente. El ciclo de día y noche, por ejemplo, tiene un impacto muy claro en esta faceta y juega un rol clave en la visibilidad de los enemigos, lo que quizás llega a dar la sensación de que puede resultar excesivamente sencillo infiltrarse en determinadas zonas.

Cuando la infiltración no es una opción, el combate en campo abierto también gana muchos enteros con respecto al sistema previo. Las batallas ya no consistirán exclusivamente en bloqueo y contraataque, en su lugar combatiremos usando diferentes estilos o armas que definirán nuestra capacidad para derrotar a los enemigos. Nuestro personaje se podrá mover ágilmente por los escenarios, enfatizando la sensación de que somos un asesino entrenado y no simplemente un mercenario que, por alguna razón, puede matar muy fácilmente, como veíamos en anteriores entregas.

Las diferentes armas que tendremos a nuestra disposición afectarán muy claramente a la forma que combatimos, de forma que no será lo mismo llevar una espada o una lanza. Aunque Assassin's creed: Unity ya intentó jugar con esta posibilidad, Origins definitivamente logra encontrar el camino para reflejar adecuadamente este aspecto. El uso de armas a distancia como el arco también ha sido muy mejorado y ya se puede considerar como una herramienta más a considerar para ganar ventaja o incluso definir un asesinato antes de entrar en el combate cuerpo a cuerpo.

Otro de los elementos que lastraba a esta franquicia era la inclusión de multitud de coleccionables ocultos en las localizaciones que teníamos disponibles para explorar en cada momento, que resultaban tremendamente aburridos de conseguir. Gracias al uso de entornos más abiertos, estos coleccionables sirven para enfatizar la exploración de los escenarios, haciendo que este aspecto pase de ser una mera tarea anodina a llevarnos a una aventura a lo largo del imperio egipcio. También aquí juega un gran papel la gran cantidad de misiones secundarias que ofrece este título, con cerca de cien tareas que quizás resultan demasiado repetitivas a la larga, sobre todo porque su variedad es bastante reducida. Aunque resulta interesante tener mucho que hacer, da la sensación de que buena parte de lo que se nos ofrece es puro relleno que supondrá un nulo impacto en el jugador.

La historia principal se puede disfrutar y cuenta con un buen arco de presentación, nudo y desenlace, con algunos giros interesantes, pero puede resultar demasiado básica, quedándose corta a la hora de tener impacto en el jugador. Casi todos los personajes serán incapaces de ayudarnos a sentir empatía por los mismos e incluso la tragedia de nuestros protagonistas se sentirá lejana. Aún peor resulta el salto a los acontecimientos del presente, extremadamente aburridos y cortos, muy alejados de los primeros momentos de la franquicia donde los debates entre jugadores y las novelas que abordaban este periodo resultaban realmente interesantes.

El gran mapeado disponible ofrece una gran belleza en múltiples entornos, como las pirámides de Giza o la ciudad de Alejandría, pero resulta excesivamente vacío en buena parte de su extensión. A pesar de ello, este título supuso un claro avance con respecto a anteriores entregas en su nivel visual, con muchas zonas coloridas y llenas de vida. Podemos movernos libremente por cada región tras la introducción inicial, pero el nivel de cada una de las mismas crea entornos donde será necesario mejorar el nivel y equipo de nuestro personaje si queremos adentrarnos. Esto, sin embargo, también ofrece el clásico problema de que podemos resultar excesivamente fuertes para la zona que estamos explorando, lo que juega en contra de la sensación de dificultad del título, que no es demasiado elevada si tenemos cuidado.

Otro factor a considerar del título es que se ha hecho un mejor trabajo a la hora de acabar con los bugs, que eran muy fáciles de encontrar en títulos anteriores y es más complicado detectar alguno de relevancia en este Origins. Con todo, para un jugador veterano de la franquicia que podría sentir que este cambio hacia las tierras del RPG podía desnaturalizar la experiencia con la saga en demasía, Assassin's Creed: Origins resulta un título muy convincente. Supone un nuevo camino y un soplo de aire fresco para recuperar la pasión por esta serie, algo que necesitaba desde hacía tiempo. Si aún no habéis dado el salto a este nuevo estilo o incluso si nunca le habíais dado la oportunidad a esta franquicia, Origins es un título realmente recomendable. Es más una base para el camino de mejoras que llevó hasta Odyssey, pero aún así este viaje al Antiguo Egipto merece la pena.

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