martes, 4 de febrero de 2014

[VaJ] The Banner Saga - Episodio 3.


Buenas a tod@s y bienvenid@s a un nuevo capítulo del Experiencias roleras de The Banner Saga, el SRPG indie de Stoic Games en el que vivimos las aventuras de distintos grupos que descubren sorprendidos como el peligro ancestral de los dredge pone en peligro la supervivencia de humanos y varl (o gigantes).

Si en el capítulo anterior conocimos a Rook y su grupo con su huida del pueblo de Skogr tras el ataque de los dredge, ahora volvemos con el grupo de Ubin, Hakon y el príncipe humano Ludin en la zona de Hraun (Parte oeste del mapa) que se tiene que recuperar de la muerte de su líder, Vognir.

Tengo que comentar que en este capítulo voy a intentar no colocar TANTAS imágenes que hacían que se sobrecargara demasiado esto y tardara un huevo en cargar. En su lugar, intentaré contar los que pasa como si fuese el personaje que actúa como protagonista. También seguiré subiendo los vídeos de los combates y, de momento, no podré comentarlos porque tengo la garganta hecha polvo, pero cuando me recupere, me animaré a que escuchéis mi voz de camionero combinada con un brutal acento andaluz. xD

En fin, demos comienzo al nuevo capítulo "Muy poco durmieron":



Hakon es el nuevo protagonista de esta historia:

Mogr ha vuelto y me cuenta que han podido reclutar todos los hombres dispuestos a luchas que había disponibles en Strand (+100 luchadores) junto a suministros para mantenerlos (+200 suministros). ¿Por qué me lo tienen que contar a mi? ¿Por qué todos tienen que mirarme a mi para tomar decisiones desde la muerte de Vognir?


Le digo que solo estoy cansado, lo que le tranquiliza para que siga contándome lo ocurrido. Al parecer el gobernador no estaba muy contento con eso de que le comprásemos sus guerreros con dinero de los impuestos que le acabábamos de cobrar, así que ha enviado a un tal Eirik para cuidar "lo que es suyo". Ubin parece conocerlo y dice que es un hombre capaz, habrá que creerle.

Ludin corta la conversación preguntando qué vamos a hacer. El resto parece preocupado de que se haya recuperado de sus heridas y de que si algo le pasara podría peligrar la alianza entre varl y humanos, pero la verdad es que a mi me da igual, que haga lo que quiera. Tras alguna impertinencia más (Dioses, me encantaría aplastarle esa cabeza) decidimos retomar la marcha. Le pido a Mogr de que se encargue de que los guerreros no arriesguen más de lo necesario, les necesitamos a todos si vamos a ir aniquilando a dredge por el camino.

Antes de partir, tengo una charla con mis dos iguales. Mogr me explica la situación de las tropas: De los varl que están con nosotros solo tenemos que preocuparnos de que dos líderes de distintos clanes no intenten competir el uno con el otro. En el caso de los humanos, los nuevos guerreros parecen capaces, pero algunos consideran que estaban aquí para seguir a Vognir, no a mi, lo cual es muy peligroso. En cuanto a los hombres de Ludin, solo le obedecen a él y una tal Bersi de su grupo, a la que llaman "la bruja" por usar flechas incendiarias tiene acobardado a medio ejército. Parecía que Mogr tenía algo más en mente, pero ante la duda he preferido que me lo cuente cuando lo crea conveniente.


Con Ubin hablé un poco de todo. Al parecer, tampoco conocía mucho a Vognir, cree que debo ganarme el respeto del grupo con acciones, me cuenta que escribe para tener clara SU visión de la historia y no la de las bordadoras de estandartes o que es uno de los 3 varl más viejos del mundo (Le ganan de momento un boticario de Grofheim y un tal Krumr, que por lo visto no durará mucho porque todavía sigue luchando). La verdad es que resulta encantador, aunque ya no combata.


Al retomar la marcha, un reducido grupo de dredge que vemos a la lejanía llama nuestra atención. Se dirigían a Strand y la verdad es que podríamos habérselos dejado para que los guardianes de la ciudad se lucieran un poco, pero preferí no correr riesgos. Yo mismo encabecé el destacamento para aniquilarlos, dejando a Ludin atrás, por supuesto.


Estrategia básica de este juego: Que uno se lleve todo el daño sin caer e ir debilitando a los enemigos antes que matarlos. De esa forma te quitan menos y son menos peligrosos. Este sistema de turnos alternos sin importar la velocidad real de cada personaje hace que matar a un rival signifique acelerar mucho al resto.


Tras el combate, Ludin se acerca gritando mi nombre. “¡Hakon!”. Lo primero que hace es pedir que podamos hablar como iguales. Sonrío. "De acuerdo, lo podemos intentar". Me pregunta si vamos a ir matando dredges por el camino y le contesto sinceramente: “Sí, no te equivocas.” Lo que no me esperaba es que me pidiera que contase también con él para luchar contra ellos, por el estandarte de Arberrang que porta. ¡Ja! Casi muere tras el primer encuentro contra ellos y quiere más. "¡De acuerdo!"

Al parecer eso le sorprende. Esperaba que fuese como Vognir y le impidiera luchar. ¿Que si tengo que tomar sus responsabilidades tras su muerte? Puede, pero las asumiré a mi manera. El príncipe se marcha pidiendo una vez más igualdad de trato, ya que ambos seremos reyes algún día. ¡Je! Puede que él ya esté muerto cuando me propongan como el próximo líder de los varl, si es que pasa algún siglo.


En nuestro primer descanso, me acerco a hablar con las huestes de Ludin, Bersi es un varl de pocas palabras que solo se preocupa de proteger al príncipe… A su manera. En cuanto a “la bruja” Yrsa, me dice que no podemos hablar y la verdad es que cumple lo prometido, sólo logro sacarle frases monosilábicas y gestos de indiferencia cuando le indico que a los varl no nos gusta el fuego de sus flechas. Al final de la conversación, me confiesa que es una bruja y que guarde silencio sobre ello… En fin, son los protectores del crío, tampoco quiero darles más importancia.



De nuevo en el camino, tuve que darle una lección a un varl llamado Griss al que le escuché comentar que sólo seguía a Vognir y que por mí no tenía por qué luchar. Tras retarle a un combate y derrotarle fácilmente, le dije a sus compañeros que curaran sus heridas mientras se reían. Eso servirá de lección a los que piensan como él. (+5 Renombre)

También nos cruzamos con unos mercaderes que lograron huir de los dredge. Me ofrecieron algunos suministros, pero no los necesitamos de momento. Al despedirnos, uno me pide que cuando encuentre al hermano de su mujer, que se quedó atrás protegiendo las pertenencias del grupo y que reconoceré por su colgante, hecho de anillos de oro, que ya estarán a salvo en Strand. No sé si lo encontraremos vivo, con tantos dredge por la zona. 

De hecho, me escama que no estemos viendo muchos y Mogr también se da cuenta. Parece que nos encaminamos a una guerra contra los dredges, que se están preparando para atacarnos en grupo.


Esta nueva opción de juego resulta interesante, ya que plantea los combates como un juego de números y riesgos. Al enfrentarnos a un grupo de enemigos, se tienen en cuenta los números de unidades que tenemos a nuestro favor y el número del enemigo. De ahí, se calcula las posibilidades de victoria de uno y otro bando, además de la moral con el que cada uno toma el combate.

De ahí, toca decidir una estrategia a seguir:


Que, en resumen, resultará más o menos arriesgada para el siguiente combate de nuestro grupo y para el número de unidades que tiene nuestro ejército. Resulta curioso y en este primer combate opto por atacar en formación, que me parece lo más aceptable:



Como podéis ver, al final del primer combate, te dejan la opción de seguir luchando en las condiciones que acabas el combate anterior, lo cual es especialmente peligroso, pero reduce el número de muertes es tu ejército: Solo 2 luchadores y 6 varl no lo han contado.


Tras la batalla, en la que no perdimos muchos hombres o varl, los seguidores de Ludin descubren a más de 1000 dredges atacando a un poblado que tenemos a un día de distancia. Mando dividir sus fuerzas con una distracción y se nos presenta un nuevo combate:






504 Dredge contra 183 Luchadores y 460 varl

Decido cargar con mis hombres. Al final, no perdemos muchas fuerzas (2 luchadores humanos y 5 varl), recuperamos un poderoso anillo y solo Yrsa acaba herida de cierta importancia.


Los personajes que "mueren" en un combate, acaban heridos, lo que supone que empiecen el siguiente combate con la vida (Fuerza) reducida, por lo que harán menos daños y serán más vulnerables ante los enemigos. Es algo similar a lo que pasaba en juegos como Dragon Age, por ejemplo.


Tras descansar, todavía estábamos a un día de distancia del siguiente poblado y Griss, el varl al que le di una tunda, se acerca a mí con palabras de respeto. Quiere unirse a mis fuerzas y luchar a mi lado. Espero que no haga ninguna idiotez.


Al llegar al poblado, no perdemos ni un segundo en atacar al grupo de dredge. Son 489 contra 181 luchadores y 455 varl. Cargo sin dudar, aunque tras el combate, no nos quedan fuerzas para seguir combatiendo contra los pocos que trataban de huir. Solo perdemos 1 luchador humano y 4 varl, lo cual me relaja tras esa muestra de debilidad.



El poblado estaba hecho una ruina. Andaba sobre un manto de nieve negro y rojo hasta que encontré un nutrido grupo de supervivientes. ¿Su salvador? Griss. Estaba cubierto de heridas, pero sonreía. Desde luego, me había demostrado su valía con creces. Allí también encontramos a una familia oculta en el sótano de una casa. Les mandé a Strand junto a unos 15 varl de escoltas. No nos sobran hombres, pero esta familia ha tenido que pasar por mucho para sobrevivir, no quiero que mueran en el camino.


De hecho, Eirik también parecía preocupado y me pidió marcharse con ellos. Le dejé. Es un hombre de valía, pero tiene razón en que es más necesario en Strand ayudando a esa familia que en nuestro grupo, sobre todo tras la incorporación de Griss. (+10 renombre)


Tras descansar un día en el poblado, retomamos la marcha y nos cruzamos con una caravana de unos 330 varl comandados por un tal Fasolt, que esperaba encontrarse con Vognir. Bueno, mala suerte. Su muerte le pilla por sorpresa, aunque sabe lo mal que están las cosas.  Mogr entonces reconoce el estandarte que porta: El clan Schlid, que debería estar liderado por un tal Ulfar.

Al parecer, Ulfar les ha mandado a encontrarse con nosotros porque los dredge no han pasado por su poblado, simplemente “están saliendo de Ridgehorn”. Ese fuerte debería estar abandonado desde hace siglos, así que puede que hayan aprovechado esa oportunidad para invadirnos como hicieron en la antigüedad.

Ludin entonces interviene en la conversación de forma abrupta, culpando a no sé quien por haber dejado que se produjera esta invasión al abandonar nuestras fortalezas. Le callo con una seria amenaza. El nuevo plan es atacar Ridgehorn eso sí, sin Ludin, a quien mando con Fasolt a Grofheim.


El príncipe humano queda indeciso con esta decisión.  Está claro que agradecería estar a salvo, pero tampoco quiere marcharse como un cobarde… Su decisión nos sorprende: Vendrá con nosotros junto a sus hombres, por el honor de su familia. Discuto un poco con él, pero cuando deja caer que las luchas a muerte contra los dredges son casi un hobby para nuestra raza me deja sin palabras. Prefiero no discutir esas tonterías. Que venga si quiere.


Cuando avanzamos con nuestro nuevo grupo más amplio por una colina, los dredge nos sorprenden lanzando piedras desde lo alto. ¿Cómo han aprendido a hacer eso? Además son muchos, unos 825 contra 180 luchadores humanos y 766 varl. Cargamos sin dudar, no podemos esperar a que nos ganen terreno.






Dredge con hondas. Desde luego eso es algo de lo que nunca había oído hablar y parece que nadie más del grupo. Pero antes de que podamos reaccionar, un dredge ataca por sorpresa al yox que llevaba la carreta con el tesoro recolectado. Gunnulf es el único que está cerca para sostener el carro antes de que caiga ladera abajo. Ante el evidente peligro que podría suponer para su vida, le pido que lo deje marchar. No quiero perder a un compañero por unos metales. Él insiste en que defender el tesoro es su deber, pero al darle la orden una vez más, lo deja ir.


 Ante la evidente pérdida que supondría dejar todo el dinero recolectado ahí abajo, le pregunto a Urbin sobre lo que hacer y, para mi sorpresa, acepta sin rechistar los hechos: Con el carruaje roto, no serviría de nada recoger el dinero, así que acepta dejarlo atrás. En el fondo de ese barranco se quedarán todos los tributos de nuestro reino.


Tras la pérdida, por fin llegamos a la Piedra de los dioses, donde la caravana podría tomarse un descanso. En la base de la piedra encontramos a un grupo de cadáveres de humanos que estarían preparando una ofrenda a los dioses. No ha podido ser. Entonces recuerdo las palabras del grupo de mercaderes que nos cruzamos y busco a su compañero entre los cuerpos.


Lo encontré. Muerto. Cojo su colgante con la intención de devolverlo a sus familiares si alguna vez los volvemos a encontrar.


Al abandonar la roca, tras un día de camino, vemos a la lejanía humo de una hoguera. Los dredges no hacen fuego, pero sí que se pueden atraer con el humo… Hasta que aprenden que es peligroso. Esas criaturas saben lo que hacen. ¿Quién será? Investigarlo nos llevará tiempo, pero no quiero dejar cabos sueltos en nuestro camino y vamos nosotros mismos a investigarlo.



Allí encontramos a un grupo de varl rodeados por los dredge. No hay tiempo para preguntas, atacamos directamente y les salvamos de los peligrosos enemigos. Una vez fuera de peligro, nos explican que son un destacamento que vino de Schlid y que nos vio en la lejanía, así que prefirieron correr el riesgo de hacer un fuego y llamar la atención de los dredge para poder reunirse con nosotros. (+280 varl)


Tras un día de descanso, Mogr me cuenta que han estado desapareciendo luchadores de nuestro bando. ¿Deserciones? Al parecer el asunto afecta más a los humanos, así que le pregunto a Ludin… Y me dice con toda tranquilidad que ha sido cosa suya: Está mandando hombres para recuperar parte del tesoro de nuestros tributos que se calló montaña abajo. Le pido que nos devuelva nuestro oro y el muy estúpido me dice que no. Estuve a punto de partirle la cara, pero Mogr me pide tranquilidad, ya que aunque el dinero sea nuestro, no tenemos derecho a darle órdenes a Ludin. Me asegura que tarde o temprano encontraremos la forma de recuperarlo, así que bajo los brazos. Una más y el príncipe va a comprobar lo que puede hacer un varl contra un humano.


Tras otro descanso, Mogr se recosta sobre un árbol y comenta que parece que cada vez hace más frío. Ridgehorn se ve en la lejanía y me pide que sigamos a unos pájaros… Momentos después, le veo volar y arder en llamas. ¿Qué?


Me despierto en el campamento que ni recuerdo haber ayudado a montar y Mogr se me acerca con la cara blanca. Al parecer lo que habíamos visto era una especie de visión… Mejor guardarla para nosotros.


Cuando retomamos la marcha, Mogr me cuenta que desde hace días nos están siguiendo centenas de dredge, pero estamos a punto de entrar en un bosque, donde podríamos perderles… No quiero arriesgarme a una emboscada en ese bosque, si está lleno de dredge. Prefiero preparar la batalla contra nuestros perseguidores aquí y ahora.

Son 949 contra 178 luchadores y 1035 varl. Atacamos sin dudar.




Algunos de nuestros mejores hombres (varl, en este caso) quedan heridos en el combate y, como esperaba, el bosque estaba infestado de dredge. La cosa se pone complicada, pero Yrsa nos propone usar el fuego para o bien aniquilarlos o bien distraerlos. Me gusta la idea de ver a dredges arder, sobre todo sabiendo que saliendo del bosque nos espera todo un ejército.


Con lo que no contaba es con el miedo de algunos varl al fuego. Muchos entraron en pánico tras la exhibición de Yrsa y eso nos hizo eprder a 35 varl. Además, Yrsa desapareció en medio del caos y Ludin parecía conmocionado. Esa mujer le importaba mucho más de lo que pensaba. ¿Tendría esto algo que ver con la visión que tuvimos en el campamento?



Al llegar a Ridgehorn, encontramos restos de una gran batalla, bastante reciente, pero solo quedan cuerpos de dredge por el suelo. Al ascender a la torre encontramos a unos cuantos dredge esperándonos.



Al derrotarlos y mirar desde las almenas de la torre, la visión no pudo ser más escalofriante: Dredge. Miles de ellos. La tercera Gran Guerra contra estos seres va a comenzar.

En la cima de la torre también encontramos los cadáveres de un hombre y una mujer. ¿Qué hacían ahí? Cuando nos acercamos, descubrimos que el hombre todavía respiraba. Lo recogemos rápidamente a la vez que nos preparamos para una nueva batalla. Unos 878 dredge estaban cerca de nuestro grupo y los afrontamos con 168 luchadores y 988 varl.




Desde luego, el fragor de la batalla me superó en este último combate y cometí la estupidez de ir a por el dredge más grande de la zona a pesar de que estaba bastante malherido. Espero que estas heridas me enseñen a ser más precavido en el futuro.


Y la verdad es que el futuro es muy negro: Rodeados por miles de dredge, tendremos que escapar de la zona por el único puente de acceso. La única opción parece ser confiar en el hombre malherido que salvamos de la cima de Ridgehorn, ya que según Ubin es un curandero y puede saber la forma de ayudarnos. 



El problema es el tiempo, así que antes de arriesgarnos a que más dredge nos corten el paso, decidimos separar las fuerzas que nos tienen rodeados actualmente y atacarles cuando sean más vulnerables para poder salir de esta trampa.

… Pero los dredge no han caído en la trampa y, en su lugar, deciden atacarnos desde la distancia. No nos queda más remedio que atacar con todo, aunque mi herida no me permita luchar en plena forma.



Tras la batalla, que sale bastante mejor de lo esperado, decidimos marcharnos en lugar de derrotar a los dredges restante de las cercanías.


El camino hacia nuestro hogar es largo, pero ya nos estamos aproximando (Solo estamos a un par de días de Grofheim) cuando Ubin me pide hablar en privado para enseñarme algo: El curandero de Ridgehorn está despierto y su nombre es Eyvind. Acudo a hablar con él. 


El hombre parecía desconcertado y nos dice que el camino hacia Grofheim es el erróneo. También pregunta por Juno, su compañera. Al decirle que no lo consiguió  se tira al suelo desesperado. Le subimos a una carreta y esperamos que llegar a nuestro hogar lo reconforte, pero la visión que recibimos se grabará en mi memoria para siempre:


Y con el hogar de los varl en llamas, cerramos este capítulo en el que no han faltado combates. De hecho, incluso más de la cuenta, teniendo en cuenta que me he propuesto grabarlos. xD

En fin, espero que os esté gustando esta serie y, nada, mil gracias por seguir a Destino RPG. No olvidéis darnos el voto en el premio al mejor blog de videojuegos en español del año. ;)

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